Maldivas por libre

Maldivas por libre: Thulusdhoo

15 de mayo

Llegada a Thulusdhoo

Luego de un traslado de 45 minutos en ferry desde Dhiffushi, llegué a Thulusdhoo. Había reservado con tiempo en un guesthouse llamado Ocean Cottage, uno de los más económicos de la isla. Al llegar al muelle, un taxi me estaba esperando. La habitación era amplia y cómoda, aunque me disgustó un poco que no hubiese jabón en el baño y que cuando fui a reclamar me dijeran simplemente que no tenían.

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Thulusdhoo, como todas las Maldivas, es pequeña y se puede recorrer completa caminando en un buen rato. Es la isla local predilecta de los surfers. Todos los huéspedes habían ido buscando olas, pero ¡las olas no aparecían!. El Ocean Cottage, a pesar de contar con habitaciones privadas, tiene un ambiente de hostel. Esa mañana desayuné en una mesa grande, en el patio, con un chico californiano, una pareja de uruguayo y chilena, y un simpático DJ canadiense.

Luego de explorar la zona de playa y darme un baño relajante en el mar cálido y cristalino de Maldivas, regresé para averiguar qué planes tenían mis nuevos amigos. Algunos de ellos estaban desde hacía muchos días en la isla sin casi haber podido surfear. Al ser mi único día en Thulusdhoo, quería aprovecharlo al máximo, así que intenté (con éxito) convencerlos para cruzar a Chicken Island.

Excursión a Viligilimathidhahuraa (Chicken Island)

Se sumaron al grupo una pareja de españoles y unos mochileros norteamericanos, por lo que conseguimos que el lanchero nos cobrara 20 dólares (a cada uno) para llevarnos, esperar unas horas y traernos de regreso. Antes de partir, pasamos por una tienda para comprar agua, snacks y chocolates, que harían las veces de almuerzo.

Chicken Island (Viligilimathidhahuraa es su impronunciable nombre maldivo) está a menos de 10 minutos en lancha desde Thulusdhoo. Es una isla pequeña (como todas las Maldivas) de forma alargada y sinuosa (como una víbora) y, lo mejor, está deshabitada. Sus playas (donde se permite la bikini) son la típica postal del paraíso, pero además la isla tiene mucha vegetación lo que la hace ideal para caminar e incluso tomar una siesta a la sombra.

Maldivas por libre
Playa de Chicken Island © Alejandro Del Vecchio
Maldivas por libre
Playa “otoñal” en Chicken Island © Alejandro Del Vecchio

Mis compañeros estaban muy contentos y eso me tranquilizaba, porque había sido idea mía tomar la excursión. Luego de explorar un poco la islita, preguntamos dónde estaba el arrecife más lindo y nos metimos al mar con los snórkel.

En el sitio elegido, como en la mayoría de Maldivas, el arrecife está a muy poca profundidad y no hay nada de corriente. Pudimos observar mucha variedad de peces y corales y, aunque echamos en falta la presencia de animales más grandes, fue una aventura difícil de olvidar. El día nublado y mi cámara no le hacen debida justicia a la belleza del paisaje submarino.

Maldivas por libre
Ídolos moros en Chicken Island © Alejandro Del Vecchio

Luego de almorzar bajo unos cocoteros, caminamos hasta una lengua de arena que se forma en el extremo norte de la isla. Parados en el medio, el mar avanza desde ambos lados y el espectáculo es verdaderamente maravilloso. Imposible cansarse de tomar fotografías, aún cuando el sol no sale a pleno.

Si bien la Chicken Island, como dije, está deshabitada, hay numerosas huellas del paso de los seres humanos por allí. Encontramos un par de galpones grandes, un muelle, algunas parrillas para cocinar barbacoas de pescado (los locales utilizan cocos secos para hacer el fuego), algunas mesas con sus sillas y hasta una tabla de surf colorida y rota.

Después de la caminata, volvimos a disfrutar del arrecife un buen rato más, hasta que se hizo la hora de volver a Thulusdhoo. El paseo de regreso en lancha fue parte de la diversión. Los maldivos decidieron reírse a costa de nosotros. Llegamos empapados producto de los saltos y giros que la embarcación pegaba sobre las olas, pero muy felices de haber conocido la famosa Chicken Island.

Maldivas por libre
Pez mariposa en Chicken Island © Alejandro Del Vecchio

Atardecer en Thulusdhoo

De vuelta en Thulusdhoo, todavía quedaban unas horas de sol. Aprovechamos para conocer un poco más la isla. Thulusdhoo está apenas un poco más desarrollada que Dhiffushi. Se nota que reciben más turismo, por lo que hay hoteles más grandes y costosos. La isla también tiene su cancha de fútbol (a los Maldivos les encanta), su pintoresca mezquita y las típicas casas bajas, algunas con paredes de coral muerto, otras pintadas de colores vivos.

En varios sectores, cerca de árboles altos, vimos enormes murciélagos sobrevolando la isla. Luego de caminar un rato, volvimos a la playa. Un maldivo intentaba surfear las pequeñas olas con una tabla rota, el mar no daba señales de querer agitarse.

Surfer en Thulusdhoo © Alejandro Del Vecchio

Por la mañana, uno de los chicos, el canadiense, había prometido tocar música en la plaza de la isla. Lo miramos algo incrédulos, pero él se encargó de demostrarnos que no bromeaba. Llevó una consola, unos parlantes y otros artefactos, y se puso a tocar para nosotros y unos pocos curiosos, a orillas del mar, en una especie de escenario vacío, mientras atardecía en el Índico.

Luego de un buen rato de buena música, dos chicos maldivos se acercaron a advertirnos que a las seis (como todos los días) iban a llamar desde la mezquita a rezar y que teníamos que hacer silencio. Así concluyó nuestro recital de música electrónica…

Maldivas por libre
El canadiense tocando © Alejandro Del Vecchio

Luego de ver el fabuloso atardecer y de caminar un poco más por la playa, volví al hotel. Al día siguiente saldría muy temprano para Male’ y desde allí tomaría otro ferry hacia Maafushi, acaso la isla local más turística de todo el archipiélago.

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